Como consecuencia de los elevados costos que conlleva la educación universitaria en Estados Unidos, los estudiantes suelen graduarse con copiosas deudas. Con 25 años, Weber encontró una alternativa a vivir en las residencias estudiantiles.
Weber compró un destartalado remolque y lo remodeló con sus propias manos para convertirlo en un acogedor ‘mini-piso’ transportable de 13,5 m2. Tardó un año en terminarlo. Invirtió parte de sus ahorros y contó con la ayuda y las donaciones de materiales de sus vecinos y amigos. Aunque el espacio es reducido, el estudiante se las arregló para que quepa todo lo necesario. El resultado es espectacular:
Antes de empezar su carrera universitaria, vivió en América Central y fue esa experiencia la fuente de inspiración para esta idea. Allí vio que las personas vivían en hogares pequeños y sencillos, donde el énfasis estaba puesto en la comunidad. Decidió que quería algo así para él. Cuando un amigo de su familia le ofreció un espacio en su propiedad, pudo hacer su sueño realidad.





